TETRALOGÍA
Tetralogía con el nexo común del arte sacro de Castilla y León desarrollada en tres artículos y un apéndice.
- 1º “Estado del arte sacro”: Análisis del estado del arte sacro de las iglesias en su fábrica, en las obras singulares de su interior y en el resto de sus elementos litúrgicos.
- 2º “Retorno a la armonía”: Explicación de la pérdida de la armonía en el interior de gran parte de las iglesias de Castilla y León y otras zonas, en general y petición de su retorno.
- 3º “El esplendor sacro conservado”: Reivindicación de la búsqueda del esplendor sacro conservado en el interior de catedrales e iglesias. Apéndice “Lista de razones”: Razones para respetar en su integridad la herencia histórico artística del interior de iglesias y catedrales, agrupada por razones legales, documentales, comparativas, artísticas y predecibles.
ESTADO DEL ARTE SACRO
Tras la clausura del Concilio Vaticano II, en diciembre de 1965, se adaptaron las catedrales y las iglesias a la nueva liturgia. En unas, sin eliminar ni remodelar los bienes muebles heredados sino añadiendo discretamente los necesarios como en Roma, cuyo obispo es el Papa, y en otras, eliminándolos o modificándolos ostensiblemente como en España de forma casi generalizada.
El estado del arte sacro en 2005, estudiado en un muestreo de casi quinientas iglesias y en todas las catedrales de Castilla y León, y en bastantes de otras regiones, es el siguiente:
Las fábricas de las iglesias y catedrales están restauradas, por su perentoria necesidad, o en proyecto de serlo.
Las obras relevantes del interior de las iglesias y catedrales están estudiadas, catalogadas y restauradas o próximas a ello y son llevadas, siempre que es posible, a exposiciones, Las Edades del Hombre y otros acontecimientos. Forman la “nata” del inmenso cuenco de los bienes muebles y documentales de las diócesis en repliegue táctico a lo posible pues son abarcables, controlables, vigilables y visitables en museos o lugares adecuados. Son la bandera del arte sacro y el prestigio cultural de la Iglesia, de las instituciones civiles patrocinadoras y de sus gestores. Constituyen la cultura de la obra y pieza notable generadora de brillantes publicaciones.
El resto de las obras del interior de las catedrales está tratado profesionalmente, salvo penosas intervenciones que serán lloradas por irreversibles, generalmente.
Las obras, no catalogadas del interior de miles de iglesias diseminadas por llanuras o desniveles, están desvirtuadas o dañadas, salvo afortunadas excepciones. El resto aún incólume, olvidado por la cultura dominante de la pieza notable y singular sin mención a la armonía de su entorno, está expuesto al mismo trato. Su atención casi imposible para las diócesis, por su inabarcable cantidad, dispersión y exigente profesionalidad, está en gradual traspaso económico desde las diócesis hacia los fieles y los poderes locales, ambos en creciente interés por lo de su pueblo tenido como suyo pero con costumbres aprendidas y arraigadas desde las primeras intervenciones expeditivas de los párrocos y superiores religiosos, convertidos en directores artísticos sin casi freno de los responsables religiosos y civiles, los dos impregnados del desarrollismo descarnado, ya superado pero alargado en el tiempo por algunos.
La vista general del interior de las iglesias, heredada de siglos y valor histórico artístico en sí mismo al igual que una obra singular, arte inmaterial sobre lo material, arte mayor y total para esplendor de la liturgia del culto divino, ha sido dañada o desvirtuada en la mayoría de ellas aunque haya partes notables restauradas. Es la otra realidad no brillante del arte sacro.
RETORNO A LA ARMONÍA
El mundo civil actuó desde el desarrollismo al grito susurrado de ser actual y eficaz a cuenta de la arquitectura heredada, presa sumisa ofrecida como víctima propiciatoria a lo “moderno”. Centros históricos de pueblos y ciudades, que ahora se tratan de restañar, fueron sus víctimas. El mundo eclesiástico vivió la misma tendencia coincidente en el tiempo con el posconcilio del Vaticano II, superpuesto en algunas diócesis a una interpretación litúrgica de modificar el presbiterio, no solamente de las iglesias y catedrales recientes, sino incluso el de las histórico artísticas, frente a la interpretación conservacionista de Roma, cuyo obispo es el Papa.
Alemania con dolor del pasado y España con avidez del futuro fueron en esto adalides. Un testimonio de Alemania y otro de España lo evidencian.
a) Causa estupor leer lo siguiente: “Da que pensar que el Presidente de la República Federal de Alemania, Walter Scheel, dijera en 1975, año europeo de la conservación de monumentos, que entre 1945 y 1975 se habían perdido más monumentos culturales que en los años de la segunda guerra mundial” (“Es gibt zu denken, wenn Bundespräsident Walter Scheel im Europäischen Denkmalschutzjahr 1975 erklären konte, es seien mehr kulturdenkmäler zwischen 1945 und 1975 verlorengegangen als im Zweiten Weltkrieg.”) Cf. Actas del congreso, pag. 13, del 27 al 28 de febrero de 1991 en Bensberg, Alemania, sobre “Tarea eclesial de inventariar los monumentos y bienes artísticos”, editado por el Secretariado de la Conferencia Episcopal Alemana, Kaiserstrasse 163, 5300 Bonn 1. (Documentation einer Fachtagung vom 27.bis 28. Februar 1991 in Bensberg: “Inventarisation von Denkmälern und Kunstgütern als kirchliche Aufgabe”. Herausgeber: Sekretariat der Deutschen Bischofskonferenz, Kaiserstrasse 163, 5300 Bonn 1)
b) Causa tristeza oír a académicos, catedráticos y profesores de historia de arte e investigadores del arte sacro que “España ha sufrido en las décadas posconciliares una nueva desamortización”, ratificado por un obispo español, hoy arzobispo, en el centro histórico de Roma al reconocer que el interior de las iglesias históricas españolas había sido dañado histórico artísticamente, generalmente, pero ninguno en Roma por ser más cultos en esta ciudad.
Dos documentos pontificios avalan y ratifican lo recién citado.
1º Carta Circular de la Sagrada Congregación para el Clero, de 11-IV-1971, a los presidentes de las Conferencias Episcopales sobre la conservación del patrimonio histórico-artístico de la Iglesia. Dice así:
“Las obras de arte, fruto maravilloso del espíritu humano, unen a los hombres siempre más con su divino creador y se consideran con razón patrimonio de toda la humanidad.
La Iglesia siempre consideró nobilísima la misión de las artes y ha pedido continuamente que las cosas dedicadas al culto sagrado fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales; y conservó con todo cuidado a través de los siglos su patrimonio artístico.
Por eso, en el momento presente, los pastores de almas aunque estén agobiados con muchos problemas, deben preocuparse seriamente por conservar los edificios y objetos sagrados, ya que constituyen un excelente testimonio de la devoción del pueblo de Dios, y también por su valor histórico o artístico.
Los fieles se quejan de que ahora, más aún que en el pasado, se malvenden indebidamente dichas obras y tienen lugar numerosos robos, usurpaciones y destrucciones del patrimonio histórico-artístico de la Iglesia.
Incluso ha habido muchos que, olvidando las normas y disposiciones emanadas de la Santa Sede, han tomado como pretexto la renovación litúrgica para verificar cambios absurdos en los lugares sagrados, arruinando y perdiendo obras de inestimable valor. Cf. Documentación Litúrgica Posconciliar (Enchiridion) Andrés Pardo, Editorial Regina.
2º Circular de la Pontificia Comisión para la conservación del patrimonio artístico e histórico de la Iglesia, de 15-10-1992. Dice así:
“Por lo demás, las consecuencias negativas de la falta de una sensibilidad estética y pastoral en la gestión de los bienes culturales son evidentes en muchos casos y son objeto de justificadas y dolorosas quejas por parte de la autoridad, tanto de la eclesiástica como de la civil: robos debidos a veces a descuidos y deficiencias graves en su guarda, deterioros por usos impropios que lo destruyen, ventas indebidas, restauraciones por aproximación y devastadoras (a veces hechas de manera improvisada, arguyendo motivos de adaptación litúrgica), con poco respeto a su valor patrimonial, por dificultades o inutilidad del diálogo con el mundo de los artistas y de los estudiosos.” Cf. Iglesia y Patrimonio Cultural, Santiago Petschen, Biblioteca de Autores Cristianos.
La dignidad del interior de las iglesias donde se celebra la sagrada liturgia exige retornar a la armonía en el interior de muchas iglesias, según reconocen los dos documentos pontificios arriba expuestos, para cumplir el canon 562 del Código de Derecho Canónico: “el rector de la iglesia…provea a la conservación y decoro de los objetos y edificios sagrados”, el art. 122 de la Constitución Sacrosantum Concilium: “las bellas artes, principalmente el arte religioso y su cumbre, que es el arte sacro por su naturaleza, están relacionadas con la belleza de Dios” y el apdo. 48 del cap. V- dedicado a “El decoro de la celebración eucarística”- de la Carta Encíclica “Ecclesia de Eucharistia”: ”Como la mujer de la unción en Betania, la Iglesia no ha tenido miedo de “derrochar”, dedicando sus mejores recursos para expresar su reverente asombro ante el don inconmensurable de la Eucaristía. No menos que aquellos primeros discípulos encargados de preparar la “sala grande”, la Iglesia se ha sentido impulsada a lo largo de los siglos y en las diversas culturas a celebrar la Eucaristía en un contexto digno de tan gran Misterio”.
¿No es la “sala grande” en un “contexto digno” el interior de las iglesias con su ajuar, como lo llamaba el Cardenal Borromeo en su libro “Instrucciones de la fábrica y el ajuar eclesiástico”? ¿No conforma el interior de las iglesias con su ajuar la vista general como valor histórico artístico, arte total con el total de lo parcial, arte inmaterial apoyado en lo material, siempre citada en mis anteriores artículos?
La vista general del interior de gran número de iglesias que conservaron hasta la clausura del C. Vaticano II la armonía conjuntada visual y cromáticamente (“El tiempo pinta también” dijo genialmente Goya), y luego fueron intervenidas en “restauraciones por aproximación y devastadoras” que dejaron mutilaciones, no solo en el presbiterio sino en todo el interior de las iglesias, confirma lo dicho en ambos documentos pontificios arriba recordados. “Lo bello requiere integridad, excluye mutilación y defecto” dice el ap.1a del cap. IV del libro Ser y Belleza del P. Abelardo Lobato, OP (Presidente de la Pontificia Academia de Sto. Tomás de Aquino, profesor emérito de la Pontificia Universidad de Sto. Tomás de Roma, Angelicum, y antiguo profesor de estética de la Universidad Pontificia de Salamanca, etc.)
No es atrevido decir del interior de muchas iglesias a modo de lacónico parte de guerra: su armonía general heredada, derrotada.
No ser receptivo a estos alegatos desde un despacho es posible pero no después de visitar muchas iglesias.
El retorno a la armonía del interior de las iglesias es más caro y complicado que la ida. Lo desvirtuado y dañado es de costosa y exigente vuelta a su ser, por no decir casi imposible. Lo vendido tiene espinosa recuperación al igual que lo eliminado. El retorno a su ser es irrealizable, la mayoría de las veces, aunque el presbiterio de algunas iglesias de porte catedralicio como S. Andrés en Carrión de los Condes de Palencia o de notable belleza como S. Eutropio en El Espinar de Segovia y otros se merecen el esfuerzo de intentarlo. Conforta visitar la catedral de Zamora donde han respetado todo: las rejas, vía sacra incluida, los damascos, etc. al igual que todo en todas las iglesias de Roma, cuyo obispo es el Papa.
La pérdida de la armonía en el interior de una iglesia es una pena pero perderla en miles es un desastre histórico artístico. El retorno a la armonía requiere el reconocimiento de los hechos- hoy solo aceptados particularmente- que motive la búsqueda de soluciones viables con sentido y sensibilidad en el interior de cada iglesia. En muchos casos, dislocada irreversiblemente la armonía heredada, no podrá ser por necesidad más que la huida hacia adelante hasta un espacio ornado con la parte del ajuar salvado, no mutilado ni desvirtuado, para retornar a una armonía que, aunque más simple que la heredada y no fiel a la conciencia histórica actual y sus leyes, sea la posible. En las iglesias despojadas totalmente de su ajuar, que las hay, lo honrado con la época actual es vestir el interior de las iglesias con ajuar moderno creativo y digno sin acudir a neoestilos o a “pastiches”.
EL ESPLENDOR SACRO CONSERVADO
Deseables acuerdos entre la Iglesia y las diversas autoridades civiles sobre seguridad de los bienes culturales durante las visitas al interior de las iglesias, horarios conocidos y fiables, autofinanciación de gastos o no, etc., permitirían itinerarios en búsqueda permanente del esplendor sacro conservado en el interior de catedrales e iglesias, sin estacionalidad ni tiempos muertos ni gastos de instalación y desmontaje como necesitan las exposiciones en iglesias y catedrales que, además, dificultan las celebraciones litúrgicas durante bastante tiempo. El incremento de la búsqueda permanente del esplendor sacro conservado en el interior de las iglesias y catedrales aumentaría y reforzaría la petición de conservarlo en su integridad y armonía, cuya vista general emociona, anonada al entrar y es lo recordado. Se restauraría, en lo posible, la cultura de recorrer iglesias. Sería un contrapunto, una alternancia y un complemento a las variadas exposiciones y Edades del Hombre, sin interferencias ni colisiones con ellas, sino sumandos de ellas pero con una diferencia: en esta búsqueda se admira el arte sacro real creado para dignificar la liturgia, acoplado portentosamente a los interiores de las iglesias por los tracistas, entalladores y ensambladores, mientras que en las exposiciones se ven solo las piezas singulares con el hieratismo y la frialdad científica de los museos aunque lo expuesto sea lo mejor de lo mejor de las piezas del arte sacro conservado y se reconozca los beneficios de los museos, de seguridad y accesibilidad, para las obras de valor. Esta búsqueda permanentes del esplendor sacro conservado sería una renovada ilusión por el arte sacro no museal, esto es, la vista general del interior de las iglesias y catedrales, como una obra singular con valor histórico artístico en sí mismo, hoy tierra labrantía en barbecho acobardada por la avalancha expositiva, un redescubrimiento de la singularidad española del arte del interior de las iglesias y catedrales, arte elevado para los menos elevados en arte, arte total exigente con el total de lo parcial y arte inmaterial apoyado en lo material, menos traído a colación que el fasto de las piezas museales de las exposiciones de arte sacro. Arte trazado y conjuntado para magnificar el esplendor del culto divino por inundación de los sentidos frente al arte fragmentado de las obras notables exhibidas en asépticas vitrinas de museos o exposiciones para deleite intelectual e investigación científica de los especialistas, misión alta pero inferior a la de dignificar el culto divino para todos. La vista general del interior de las iglesias españolas como valor histórico artístico tiene actualmente poca letra escrita a pesar de lo dicho anteriormente y ser la impresión primera y duradera, siempre recordada, y la singularidad española por su arte de puertas adentro, especialmente. Es el espacio digno que la Iglesia encarece para la celebración eucarística, máxima expresión de la sagrada liturgia. Wagner acuñó la palabra “gesamtkunst”, arte total, síntesis de todas las artes, para sus dramas musicales, conjunción de partitura, música y decorado. Pues bien, en el interior de muchas iglesias, y en casi todas las catedrales españolas, se llega al arte total durante el culto divino, acompañado por la música acordada del órgano y los cánticos del coro y no con decorados sino con piedra labrada, retablos dorados, tallas, cuadros, lámparas, rejas, mobiliario y elementos litúrgicos, a veces velados por el humo del incienso en momentos de la celebración. Es regalo divino, como el arte griego o la música barroca, al hombre que sueña la perfección. La búsqueda permanente del esplendor sacro conservado en el interior de las catedrales es hoy muy frecuentada por la atracción de su magnificencia y la fácil accesibilidad. La búsqueda permanente del esplendor sacro conservado en el interior de las iglesias catedralicias, colegiatas, excolegiatas o iglesias de gran porte es hoy poco frecuentada por las dificultades existentes, salvo excepciones en épocas y casos. Ejemplo de las iglesias, no las únicas, que han conservado, mucho o bastante, el esplendor sacro son: S. Luis en Villagarcía de Campos, Santiago en Medina de Rioseco y Sta. María en Rueda, las tres de Valladolid, S. Salvador en Oña, Nª Sª del Manzano en Castrogeriz, Sta. Ana en Peñaranda de Duero, Sta. María (en trámite de restauración que es de esperar que no sea remodelación) en Briviesca, la Asunción en Santa María del Campo, S. Miguel en Mahamud, S. Pedro en Lerma, las siete de Burgos, S. Hipólito en Támara y S. Juan Bautista en Santoyo, las dos de Palencia, S. Sebastián en Villascastín, de Segovia, Nª Sª del Mercado en Berlanga de Duero, de Soria. Para incluir otras iglesias de gran porte entre las anteriores habría que restañar heridas histórico artísticas recibidas en intervenciones inadecuadas, como en Santa María de Mediavilla en Medina de Rioseco y en Los Santos Juanes en Nava del Rey, las dos de Valladolid, en S. Eutropio en El Espinar, de Segovia, en Sta. María y en S. Pedro en Belorado, las dos de Burgos. En muchas, como en S. Martín en Bonilla de la Sierra, de Ávila, residencia veraniega en siglos pasados de los obispos de esta diócesis, necesitarían costosas recuperaciones de su esplendor heredado para incluirlas en esta recopilación. La búsqueda permanente del esplendor sacro conservado en el interior del común de las iglesias es hoy poco frecuentada, o poquísimo, por sus dificultades, salvo escasas excepciones en épocas y casos. Ejemplos de las iglesias, no las únicas, que han conservado mucho el esplendor sacro son: S. Antonio el Real y La Fuencisla, las dos de Segovia, Sancti Spiritu en Toro, de Zamora, S. Nicolás de Bari en Madrigal de las Altas Torres y S. José, las dos de Ávila, Nª Sª de la Encina en Ponferrada, de León, S. Pedro Apostol en Itero de la Vega y S. Miguel en Piña de Campos, las dos de Palencia, Sta. Clara y S.Martín en Briviesca, Sta. Águeda en Sotillo de la Ribera, S. Cristóbal en Itero del Castillo, S. Vitores en Villoviado, y S. Cosme y S. Damián, las seis de Burgos, S. Miguel en Peñafiel, Sta. María en Morales de Campos y las Clarisas en Villafrechós, y Santiago, S. Miguel y Las Angustias, las seis de Valladolid, Santa María en Ledesma, de Salamanca. En otras no pocas, como en S. Miguel en Villatoro, de Ávila, S Pedro Apóstol en Villanueva de los Caballeros, de Valladolid, La Asunción en Villacé, de León, etc. tendrían que solucionar muchos daños histórico artísticos sufridos para incluirlas en esta recopilación. El aforismo escolástico latino “Bonum ex integra causa, malum ex quocumque defecto”, presente de hecho o derecho en los tratados filosóficos o jornadas de estética, es maximalista en su juicio pero es norma visual indispensable para jugar la estética de un espacio. Las iglesias que han conservado su esplendor sacro son actas notariales del pasado de fe generosa. Hay retablos, de notable o inmenso valor, restaurados en el interior de iglesias de armonía global devastada y hay retablos, de notable o inmenso valor, restaurados pero cuyo altar, frontal, sagrario expositor, gradas, etc. y su entorno han sido eliminados o desvirtuados. No pueden incluirse en la búsqueda del esplendor del arte sacro conservado, que exige la armonía general para dignificar la liturgia sagrada, sino en la búsqueda para estudiosos y expertos en obras de arte sacro de valor, independientemente de la armonía de su entorno. Hay en España, y en todo el mundo globalizado en imparable aumento, cientos de docentes y miles de discentes de historia de arte, innumerables asociaciones culturales e infinidad de amantes del arte deseosos de profundizar en sus estudios, los primeros, o dar contenido cultural a sus viajes, los segundos, o sentir la fe en la perfección y belleza de las obras, muchos. Así, en este orden describía el obispo de Ciudad Rodrigo la realidad de Las Edades del Hombre, Kyrios: “Al visitar la exposición, algunos podrán quedarse simplemente en la admiración de las tallas, de los cuadros, de los retablos o iconos, palpando la sensibilidad y el arte de los tallistas o pintores. Otros serán capaces de dar un paso más y descubrirán los testimonios de fe de quienes tallaron las imágenes, o de quienes las encargaron para el culto sagrado” (Alfa y Omega, 27.07.2007) Las iglesias y catedrales de Castilla y León, sin menoscabo de su fin primordial litúrgico, tienen un patrimonio histórico artístico al “servicio de la sociedad…”, según el art. XV del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede, firmado el 3.01.1979, B.O.E del 15.12.1979. Acuarelas, dibujos, grabados y litografías del interior de iglesias y catedrales por pintores y dibujantes del romanticismo deberían de ser convocadas a una exposición como comienzo artístico y sentimental de estas búsquedas del esplendor sacro que tanto admiraron y dibujaron. La presencia de algunas muestras de la obra de David Roberts, Gustavo Doré y Jenaro Pérez Villamil sería muy deseada por no decir imprescindible.
LISTA DE RAZONES
La lista de razones para pedir que sea respetada, en su integridad, la herencia histórico artística del interior de iglesias y catedrales es prolongada. Se presenta, en este artículo, agrupada por conceptos ajenos a cualquier intromisión litúrgica de un signo u otro, sino a razones legales, documentales, comparativas, artísticas y predecibles.
La fábrica de las iglesias y catedrales, inmensa en tamaño y exigente en reparaciones, diluye la atención estética debida al ornato de su interior donde se celebra la liturgia, fin de estas edificaciones.
Razones legales, documentales y comparativas
- El art.1 del Acuerdo entre el Estado Español y la Santa Sede, firmado el 3.01.1979, B.O.E del 15.12.1979, que dice: “…el patrimonio histórico, artístico y documental de la Iglesia sigue siendo parte importantísima del acervo cultural de la nación; por lo que la puesta de tal patrimonio al servicio y goce de la sociedad entera, su conservación y su incremento, justifican la colaboración de Iglesia y Estado.”
- El art.15 del arriba citado acuerdo de 1979 que dice: “La Iglesia reitera, nuevamente, su voluntad de continuar poniendo al servicio de la sociedad su patrimonio histórico, artístico y documental, y concertará con el Estado las bases…y la colaboración de ambas partes con el fin de preservar, dar a conocer…facilitar su contemplación y estudio, de lograr su mejor conservación e impedir cualquier clase de pérdidas, en el marco del art. 46 de la Constitución.”
- El art. 46 de la actual Constitución española que dice: “Los poderes públicos garantizarán la conservación... del patrimonio histórico, cultural y artístico…. de España…., cualquiera que sea… su titularidad. La ley penal sancionará los atentados contra este patrimonio. ”
- El art.1 del título preliminar de la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español que dice: “Son objetos de la presente Ley, la protección, acrecentamiento y la transmisión a las generaciones futuras del Patrimonio Histórico Español”, siendo definido éste en el art. 2 del citado título preliminar, que dice así: “Integran el Patrimonio Histórico Español los inmuebles y objetos muebles de interés artístico, histórico, paleontológico, arqueológico, etnográfico, científico o técnico. También forman parte del mismo el patrimonio documental y bibliográfico, los yacimientos y zonas arqueológicas, así como los sitios naturales, jardines y parques, que tengan valor artístico, histórico o antropológico.” Al tener interés artístico e histórico, etc. el patrimonio cultural de la Iglesia está integrado en el Patrimonio Histórico Español, protegido por la citada Ley 16/1985.
- El art.39.1 de la citada Ley 16/1985 de PHE que dice: “Los poderes públicos procurarán…la conservación …de los bienes declarados de interés cultural así como de los bienes muebles incluidos en el inventario general”
- El art. 22 de la Constitución Sacrosantum Concilium sobre Sagrada Liturgia de 1963, promulgada por el Concilio Vaticano II, que dice: “La reglamentación de la sagrada liturgia es competencia exclusiva de la autoridad eclesiástica…del Obispo.” Ahora bien, si el obispo de Roma, el Papa, ha desarrollado su competencia litúrgica sin quitar ni modificar nada sino conservando todo en el interior de la catedral de Roma, S. Juan de Letrán, las basílicas y todas las iglesias históricas, aunque tengan angostos los presbiterios, como han podido comprobar obispos, deanes, canónigos, presbíteros, religiosos y los que hayan estado en la Ciudad Eterna, se deduce que puede desarrollarse esta competencia de igual manera en todas las diócesis de todos los países, sin apelar a la nueva liturgia para modificar, incluso eliminar, parte del patrimonio cultural heredado, como es casi generalizado hacer en España
- El art.37 de la arriba citada Constitución SC que dice: “la Iglesia no pretende imponer una rígida uniformidad en aquello que no afecta a la fe o al bien de toda la comunidad, ni siquiera en la liturgia; por el contrario respeta y promueve el genio y las cualidades de las distintas razas y pueblos. Examina con simpatía y, si puede, conserva íntegro lo que en las costumbres de los pueblos encuentra.” ¿No entran las rejas, la vía sacra, el coro y su situación singular, los púlpitos, la acumulación de retablos, los retablos dorados, etc. dentro del genio y las cualidades de nuestro Patrimonio Artístico Español? ¿No son aplicables estas consideraciones a todas las catedrales de España y sus iglesias?
- El art.123 de la arriba citada Constitución SC que dice: “La Iglesia nunca consideró como propio ningún estilo artístico…creando…un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente.”
- Los arts.124 y 128 de la arriba citada Constitución SC que dan normas para los nuevos templos y no citan los antiguos. El art.124 dice así: “Al edificar los templos, procúrese con diligencia que sean aptos para la celebración…” El art.128 dice: “…cosas externas del culto sagrado, sobre todo en lo referente a la apta y digna edificación de los templos…”
- El art.129 de la arriba citada Constitución SC que dice: “Los clérigos…de modo que sepan apreciar y conservar los venerables monumentos de la Iglesia…”
- La Circular de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia del 15.X.1992 que comprueba que “hay justificadas quejas por restauraciones devastadoras arguyendo motivos de adaptación litúrgica.” Esta Circular, recuerda la Carta Circular de la Congregación para el Clero a los presidentes de las Conferencias Episcopales del 11.IV.1971 que afirma “que las obras de arte se consideran patrimonio de toda la humanidad y que ha habido muchos que, olvidando las normas y disposiciones, emanadas de la Santa Sede, han tomado como pretexto la renovación litúrgica para verificar cambios absurdos en los lugares sagrados.” Al mismo tiempo, afirma que: “Las obras antiguas de arte sacro consérvense siempre y en todas partes”…y “…téngase, también en cuenta, las posibles leyes dictadas por las autoridades civiles…” y sigue dando normas generales sobre las cautelas debidas al arte sacro, rigores extremos en la venta de objetos preciosos, etc. ¿No es arte sacro, además de los cuadros, tallas y piezas singulares, expuestas en exposiciones, los sagrarios, los tabernáculos y expositores, los frontales de los altares, los púlpitos, los retablos laterales, las rejas, etc.,etc. que se han eliminado y se siguen eliminando?
- Lo dicho en el discurso de apertura de las XXII Jornadas Nacionales del Patrimonio Cultural de la Iglesia por el Obispo Presidente de la Comisión Episcopal para este Patrimonio: “La acción sagrada no está supeditada al espacio sagrado hasta el punto que éste tuviera que precederle necesariamente. Al contrario, es la acción sagrada la que convierte en sagrado el lugar donde se realiza.” Esto es, no existe espacio sacro predeterminado que obligue a modificar lo existente.
- El Plan Nacional de Catedrales, según el Acuerdo de 1997, firmado por el Mº. de Educación y Cultura y la Iglesia Católica, y los numerosos acuerdos para iglesias notables entre las diversas administraciones y la Iglesia que utilizan en sus textos, sola y profusamente, la palabra conservar, alguna vez restaurar, pero nunca remodelar ni modificar.
- La solución dada en Roma a sus necesidades litúrgicas con un altar y un ambón nuevos, discretos en forma y color, y sus necesidades de espacio celebrativo con tarimas reversibles y voluntad de adaptarse al espacio histórico existente y de no intentar que las antiguas iglesias alcancen la amplitud presbiterial que las nuevas. Sin embargo, pedir lo mismo en España es tildado, en ambientes eclesiásticos, de tener postura arqueologista o, más suavemente, historicista. Lo visto en Roma, contrasta con la ineludible necesidad, exigida por muchos obispos, cabildos, párrocos y religiosos españoles de reformar los presbiterios de las catedrales e iglesias. ¿Posponen en Roma la liturgia al arte? No, no lo consentiría su obispo, el Papa. No modifican nada por cuatro motivos: a) porque no condicionan el cumplimiento del contenido de las directrices litúrgicas a lo externo arquitectónico y aceptan, con buena disposición, adaptarse a lo existente sin merma de la celebración litúrgica, b) porque consideran intocable por su valor lo que tienen a su custodia, c) porque la “Superintendencia” italiana no consiente modificar nada, sin reclamo eclesiástico de libertad religiosa, según conversaciones con catedráticos de liturgia de prestigiosas universidades pontificias, y d) porque el obispo lo asiente o determina. En España, al contrario, modifican los presbiterios y otras zonas por cuatro motivos: a) porque condicionan el cumplimiento de la nueva liturgia a que se desarrolle- y así lo tienen interiorizado como lo debido, estética y litúrgicamente- en una plataforma amplia de corte minimalista en forma y color y de un solo nivel, con rotundo altar y ambón, tanto en las de nueva planta, así construidas, como en las antiguas, aunque haya que arrasar su pasado bello y complejo en forma y color, b) porque no consideran intocable lo que tienen a su custodia y, por tanto, eliminan, cortan o modifican elementos, esto es, púlpitos, altares, presbiterios, lámparas, sagrarios, tabernáculos, retablos, etc., salvo que sean piezas notables u obras museales de autores reconocidos, c) porque las comisiones diocesanas han permitido y permiten casi todo por sintonía con los del apartado anterior y las comisiones civiles han permitido y permiten, casi todo, por no apreciarlo en todo su valor, por la costumbre inveterada de aplicar con laxitud la Ley 16/1985 de PHE y por un flotante temor de rozar la libertad religiosa y d) porque el obispo lo asiente o determina. Todo lo escrito según lo visto, leído y oído en Roma y en España.
- El agravio comparativo que produce que, con las mismas directrices litúrgicas, se conserve integro el esplendor heredado en el interior de las iglesias de Roma y no en España, donde está muy mermado y desvirtuado histórico artísticamente, de forma generalizada.
- El mismo agravio comparativo porque se remodelen casi todos los presbiterios salvo algunos, debido a su valor y significación, como el de la catedral de Sevilla, o que no se quiten, por ejemplo, las rejas de las catedrales de Sevilla, Toledo, Pamplona, etc. por su importancia, u otras intervenciones que en algunas catedrales e iglesias se hacen y en otras no. Esto, además, contrasta con la ineludible necesidad, reclamada o exigida por obispos, deanes, párrocos y religiosos de remodelar los presbiterios de las catedrales e iglesias españolas.
- Posteriormente a la redacción de este artículo, se ha visto en televisión la primera misa del nuevo Papa Benedicto XVI en la Capilla Sextina en donde no han eliminado el altar sino que han puesto un altar y un ambón, delante del existente, discretos en forma, color y coste y tampoco han eliminado las rejas bajas. Todos entienden que es una capilla del siglo XV y que sus espacios son complejos, diferentes a los diáfanos de las iglesias actuales. Todo ha sido respetado, no se ha hecho ningún gasto. Los cardenales están delante y detrás de las rejas que separan al colegio cardenalicio. Las antípodas de lo hecho y de lo que se sigue haciendo en España. Esto es, modificar, con gran coste económico e histórico artístico, el espacio litúrgico heredado, sea cual sea, para conseguir que sea único, plano y sin separaciones, como en una iglesia de nueva construcción.
- Y se ha visto, una vez más, que el angosto espacio celebrativo del altar mayor de S. Pedro del Vaticano se ha agrandado con tarimas alfombradas reversibles para no remodelar, ni menos eliminar, los mármoles del baldaquino berniniano. Sobran repetir los comentarios anteriores.
- La afirmación del obispo de Murcia en su discurso inaugural de un congreso sobre catedrales, celebrado en Murcia en octubre del 2003: “No teman Vds.; no voy a quitar ni modificar nada en el interior de la catedral”. Esto es, pensaba conservar todo.
Razones artísticas
- La acusada conciencia histórica actual, mundialmente sentida, por la integridad de la herencia cultural, protegida por leyes convenidas internacionalmente.
- La singularidad de las catedrales y bastantes iglesias españolas. En el interior de todas las catedrales españolas, y en muchas iglesias, se llega al arte total durante el culto divino, acompañado por la música acordada del órgano y los cánticos del coro. Wagner buscó el arte total, “gesamtkunst”, por la conjunción de partitura, música y decorado para sus dramas musicales. Sin embargo, en todas las catedrales, y en muchas iglesias, se consigue el arte total no con decorados sino con la mejor arquitectura, pintura y escultura, espectaculares rejas forjadas, lámparas, etc. veladas por el humo del incienso que perfuma el espacio sacro en momentos de la celebración litúrgica. Son irrepetibles en su complejidad sorprendente. Son regalo divino, como el arte griego o la música barroca, al hombre que sueña la perfección. ¡Qué difícil la repetición de otro periodo de fe, poder, medios y arte excelso, simultáneamente! Qué peligrosa familiaridad la de sus servidores, que llegan a tener por normal lo extraordinario que ven y tocan todos los días y, quizá, rechazan por vetustas y cotidianas, hasta el punto de atreverse a cortar y sajar venerables reliquias del pasado, incluso como alivio. ¡Hay tantas en España! No lo verían así expertos en arte procedentes de países sin catedrales ni iglesias cargadas de antigüedad. Convertir en evidente la asombrosa complejidad de la vista general de los interiores de iglesias y catedrales, como valor en sí mismo, al igual que una pieza notable, es iniciativa precipitada frente a los vaivenes históricos de toda clase y condición, que han sido y serán. El arte es artificio, sea desbordante o minimalista, pero no simple ni prosaico como suele ser el arte sacro de las casas de formación religiosa, interiorizado por los eclesiásticos como lo adecuado, que invade y rebaja el empaque de las iglesias y catedrales antiguas. Principalmente, en los presbiterios.
- La más elemental lógica artística que reclama que no se corten ni desvirtúen los muebles de cierta prestancia de la sala de plenos de un ayuntamiento, los del salón de recibir de un obispo o los de una familia, ni se eliminen los adornos de una fachada artística, ni las páginas de una partitura musical o de un archivo, etc., etc. ¿Se aceptaría que los deanes o canónigos modificaran o cortaran, irreversiblemente, párrafos de seculares partituras musicales catedralicias? Esta elemental lógica se invierte, para los que en el interior de las iglesias y alguna catedral permiten o cortan altares, eliminan sagrarios, diseñan altares, peanas, ambones con desguaces de retablos, quitan rejas, púlpitos, etc. dejando muñones a la vista. Los retablos, las rejas, los altares, los púlpitos, las gradas, etc. de los interiores de iglesias y catedrales cargan, casi en exclusiva, con el deseo de sus responsables de modernizarse y de ser eficaces, que nadie les discute, salvo conseguirlo desvirtuando estos interiores.
- La pérdida inevitable de parte de la belleza y singularidad característica de nuestras catedrales, heredada durante siglos de esplendor, tras la reforma del presbiterio, arraigado proceder de alto coste pero de escasa eficacia, para tratar de aumentar el número de fieles que vean un poco mejor a su obispo que les preside. En una diócesis media con capital de 150.000 habitantes y un total provincial de 600.000 habitantes, con catedral de tamaño medio y coro en el centro, y según se haga el aforo, de pié o sentados, con amplitud o justos, con pasillos de circulación o sin ellos, con visibilidad diáfana o parcial, etc. podrían oír y ver las ceremonias litúrgicas unas 300 personas; el 0,2 % de los habitantes de la ciudad y el 0,05 % de los de toda la diócesis. En ciudades grandes bajan mucho los porcentajes. Sin remodelación, podrían oír y ver las ceremonias litúrgicas las mismas personas pero, unas cuantas, con peor calidad de visión.
- La facilidad y baratura de resolver la visibilidad mediante pantallas en las naves laterales y lugares sin cobertura visual. La tecnología en vertiginoso e imparable avance tiene campo en las catedrales para solucionar problemas, facilitar las actividades y conservar lo irrepetible. En la catedral de Zamora han conservado rejas dobles, vía sacra, etc. pero han dispuesto unas pantallas para los días de plena ocupación. ¿Si es posible en la catedral de Zamora por qué no en todas?
- El art. 42 de la Constitución “Sacrosantum Concilium” sobre Sagrada Liturgia del Concilio Vaticano II remite la vida litúrgica a las “parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del obispo” dado que “no le es posible… al obispo… presidir personalmente a toda la grey”. ¿No se redactó el art. 42 pensando en los bajos porcentajes obtenidos en ciudades pequeñas y muy pobres en ciudades grandes? ¿No se pensó en evitar caras y antihistórico artísticas remodelaciones en las catedrales? Por otro lado, la técnica moderna puede elevar los escasos porcentajes, obtenidos en el párrafo anterior, con pantallas gigantes, con posibilidad de ser tridimensionales, de modo que oirían y verían las ceremonias litúrgicas tantos como cupieran en la catedral sin eliminar coro ni pilares. Lo moderno, reclamado por algunos para las iglesias y catedrales histórico artísticas, es utilizar los adelantos técnicos para los servicios, esto es, megafonía (tantas veces descuidada), calefacción, iluminación, seguridad, mantenimiento, etc. pero, paradójicamente, lo moderno, ahora, es conservar, íntegramente, la irrepetible e irreversible herencia cultural, como exigen las leyes de patrimonio cultural, que los países cultivados se dan a sí mismo, como tributo a la imparable memoria histórica, y luego acuerdan e internacionalizan. Además, todo el mundo entiende que un lugar histórico artístico tiene sus peculiaridades e incomodidades, unidos a su interés. La herencia cultural es generosa en España, pero muy rebajada por guerras, invasiones, desamortizaciones, piquetas, comisiones permisivas y otras causas recientes, debidas a la mano del hombre, no al deterioro del tiempo.
- Los informes negativos sobre las actuaciones en algunas catedrales, dictados por las Reales Academias de la Historia y Bellas Artes, instituciones consultivas de la Administración del Estado, según el art.3.2 del Título preliminar de la citada Ley 16/1985 de PHE y con criterio acrisolado.
- El malestar, grave en el mundo del arte, asociaciones en defensa del patrimonio, etc. y difuso en el popular, que han dejado anteriores remodelaciones de los presbiterios de muchas catedrales como la de Pamplona, Jerez, Ávila, etc. y en muchísimas iglesias.
Razones predecibles
- El rechazo futuro a la creencia actual, generalizada en el mundo eclesiástico, de que la simplificación de los presbiterios, eliminación de altares, púlpitos, gradas solemnes, retablos laterales, lámparas de cristal de roca, rejas, vías sacras etc., etc. consigue la deseada modernidad cuando lo moderno es mantener la integridad del patrimonio histórico artístico de acuerdo con las leyes conservacionistas, emanadas de las sociedades cultas. ¡Paradojas del lenguaje como ocurrió a mediados del XVIII con los barrocos “modernos” y los neoclásicos “antiguos”! Antiguamente, al no existir conciencia histórica tan acusada como la de ahora y, por tanto, no haber leyes proteccionistas, lo moderno era derribar lo existente y construir de nuevo para atender las nuevas necesidades. Sin saberlo, cumplían la indiscutible ley arquitectónica de la funcionalidad. Ahora, las sociedades cultas se dan estrictas leyes para conservar lo que se aprecia por su emoción histórica o artística, a pesar de ser, en parte, leyes contra “natura” arquitectónica por mermar su indiscutible ley de la funcionalidad.
- La pesadumbre futura de haber eliminado elementos y realizado cambios irreversibles en espacios irrepetibles. Esta pesadumbre ya la conocemos y se puede predecir que aumentará con el tiempo. La excelencia artística del interior de iglesias y catedrales españolas será, en el futuro tecnificado, lo insólito e irrepetible heredado que no se merece ser tratado, ahora, con la inmediatez de los acontecimientos. ¡Son irrepetiblesssss! Su vista general, valor en sí mismo, fragmentada en forma y color, singularidad española, no evidente como un salón, es lo más de lo más, aportado por los fieles para magnificar la liturgia de su catedral.
- La realidad cargada con presagios de cambios sociales y, desde luego, demográficos y urbanísticos, que afectan y afectarán a las iglesias y catedrales antiguas, puede llegar a situaciones diferentes, quizá límites, pero previsibles. La natalidad baja, la disminución de practicantes y la dificultad de acceso a las catedrales e iglesias históricas, situadas en los cascos antiguos, habitados por gente envejecida, no llena las catedrales e iglesias históricas que tienen, progresivamente, menor actividad litúrgica y creciente demanda cultural mundial, que puede convertirse en presión envolvente, difícil de contener. ¿Es aventurado predecir que estos cambios, más la incertidumbre o pérdida de las ayudas públicas, obligue, a la Iglesia, a intensificar la función cultural para afrontar el ingente gasto del mantenimiento de iglesias y catedrales y poder continuar su función litúrgica? ¿No justifica, esta posible situación, la conservación de todo el “sabor” de las catedrales, lo más perdido o en peligro de ello? ¿Es descabellado imaginar que el peso del patrimonio histórico arquitectónico sea embarazoso para la Iglesia, de tal modo, que llegue a desear construir nuevas catedrales e iglesias, despejadas, más ágiles de uso, de menor mantenimiento y situadas en los nuevos centros ciudadanos? ¿No representa esto la auténtica actualización deseada por los servidores de las catedrales e iglesias antiguas pues las costosas remodelaciones que se hacen, ahora, son parches de poca solución, pero mucho daño estético e histórico y mucha pérdida del “sabor” de las catedrales y de las iglesias? ¿No pueden ascender nuevas generaciones de eclesiásticos con otra sensibilidad, acostumbrados a la vigilancia civil del patrimonio cultural, y en situación menos defensiva para aceptar futuras situaciones? Esto y más, es posible y predecible.
- El abultado coste de remodelar catedrales e iglesias y el elevado gasto futuro en devolver, acuciados por el recuerdo, su esplendor perdido o desvirtuado, es razón poderosa para que no volver a llevar a cabo intervenciones dañinas, artísticamente, en los interiores de catedrales e iglesias. Párrocos hay que recuerdan la cantidad de 26 millones de pesetas por la remodelación, hace bastantes años, del presbiterio principal marmóreo de su iglesia y de 6 millones de pesetas por la remodelación de un presbiterio lateral, también marmóreo. Recuperar y restaurar el coro lígneo de la catedral de Santiago de Compostela ha costado 500.000 euros, más de 83 millones de pesetas, muchísimas horas de trabajo y perder alguna pieza, según noticia de prensa. Hace pensar. Un elemental sentido artístico reclamará, en España, subsanar muchos “atrevimientos” cometidos contra los singulares interiores de ermitas e iglesias españolas. La sabia decisión romana de no intervenir sus mármoles, está premiada con el ahorro de las costosas remodelaciones, además de disfrutar del esplendor heredado, y de no gastar en restañar los daños histórico artísticos cometidos. Comentada esta diferencia de proceder con un obispo español en el centro de la Roma barroca, plantada de iglesias, lo achacó a la mayor cultura artística italiana pero, al poco tiempo, inició la reforma del presbiterio de su catedral. Es una costumbre enquistada en España, con gotas de emulación entre eclesiásticos, quizá, para dejar huella de su obra.
Resumen
La Constitución Sacrosantum Concilium concede el poder de la reglamentación de la liturgia, exclusivamente, al obispo de cada diócesis. Esta reglamentación litúrgica puede hacerse, en el interior de las iglesias y catedrales antiguas, conservando todo el patrimonio histórico artístico, como se comprueba en Roma, cuyo obispo es el Papa, o modificando y eliminando parte del patrimonio cultural heredado, como, tristemente, se observa en casi todas las iglesias y muchas catedrales de España. Esta segunda modalidad, originó, ya en 1933, tempranos conflictos personales y periodísticos, protagonizados por el propio deán de la catedral de Oviedo, Arboleya, por defender la ubicación de la sillería del coro, retirado por su tío el obispo Martínez Vigil. La creciente sensibilización de la sociedad, por el medio ambiente y el patrimonio cultural, aumentará las reclamaciones, denuncias, recursos jurídicos, protestas periodísticas y verbales y el malestar académico y popular por estar protegido el patrimonio cultural de la Iglesia por la arriba expuesta larga lista de razones legales, documentales, comparativas, artísticas y predecibles. El más reciente conflicto legal, además de académico y periodístico, es el recurso, presentado por la R.A. de la Historia, contra la remodelación del presbiterio de la catedral de Ávila.
Francisco-Javier Lorente Páramo
Crítico de arte |